Hombre Estelar

HOMBRE ESTELAR
STARMAN

por Carlos Sims

 

“Y si el músico ha compartido las furias y las ilusiones de los oprimidos, ¿es imposible que tanta esperanza y tanta rabia lo lleven más allá de sí mismo y cante hoy este mundo con voz futura?”
-SARTRE

Cuando vi el video de Blackstar, en diciembre del año pasado, tuve el triste presentimiento de estar viendo una de las últimas obras de David Bowie.

Es que todo en él me conmovía de una manera profunda, me inspiraba, pero también me dejaba con una sensación de vacío inexplicable. Las imágenes mostraban la erupción de energía creativa y genialidad, pero también estaba ahí la fragilidad del artista. Me vino el recuerdo de Freddie Mercury en los últimos videos de Queen. Ambos mostraban, con esa gracia british y en tono clown, pupila, dientes, mohínes y bananas, disfrutando, intuyo, de la impunidad de la última broma.

Ver el video un par de veces fue catalizando un insight y vino a mi cabeza algo que tenía archivado: un listado conceptual que entregó David Bowie al novelista Rick Moody en 2013, apenas lanzado The Next Day, el álbum anterior. Es una lista de palabras, un “diagrama de flujo”, que Moody le pidió para entender mejor el disco. El contexto era que Bowie no había hablado mucho del lanzamiento porque según él “sólo está la obra, y cualquier cosa más allá de la obra es más o menos de lo que trata este álbum”. La lista incluía estas siete palabras:

PANTEÓN

SÚCUBO

AISLAMIENTO

MIASMA

FÚNEBRE

ENTIERRO

TRÁGICO

A pesar de ser una parte importante del soundtrack de mi vida, sólo recién desde el año 2003 tengo el ritual de ir a comprar sus discos apenas salen. Reality es uno de mis discos preferidos: fue y es esencial en mi historia. Bailé en el living muchas veces New Killer Star (su primer single), junto con Siempre es Hoy, canción del disco homónimo de Gustavo Cerati y que había salido unos meses antes. Un año alternando esos discos en mi casa… y mi vida quedó encaminada. Después, el hiato fue importante, y tuve que esperar diez años hasta el próximo disco, The Next Day, del que hablaba antes. Mismo ritual.

Por supuesto que mucho antes de 2003, en mi niñez y adolescencia, había disfrutado y bailado con la música de Bowie, pero el hecho de la contemporaneidad, de disfrutar el disco en su momento, le regala algo especial al simple mortal. Signos, temas, identificaciones. Al fin y al cabo, estoy seguro de que en los próximos siglos van a envidiar “haber vivido en la época de Bowie”… curados ya, imagino, de la enfermedad que todavía padece nuestro siglo y que tan bien se pinta en The Stars (Are Out Tonight).

El viernes 8 de enero de 2016 se lanzó Blackstar, el último disco de David Bowie, coincidiendo con su cumpleaños número 69. Yo pospuse ir a comprar el disco por un viaje de fin de semana.

Afiche publicitario sobre la Av. Cabildo, enero/2016.

Afiche publicitario sobre la Av. Cabildo, enero/2016.

La mañana del lunes 11 de enero, después de que un par de amigos muy queridos me avisaran “Murió Bowie”… y después de leer una y otra vez los titulares, chequeando obsesivamente con las manos temblorosas en diferentes diarios… el desconsuelo fue gigante. El domingo 10 de enero, 2 días después de haber festejado su cumpleaños lanzando un disco enorme y soberbio, David Robert Jones había perdido una batalla secreta e íntima contra el cáncer. El mundo quedó conmocionado. Muchos artistas y referentes de la industria expresaron su pesar, pero todos coincidían en algo: estado de shock.

Cuando llegué esa misma mañana a El Ateneo Grand Splendid de Av. Santa Fé sonaban a todo volúmen temas ochentosos de Bowie. Yo seguía desconsolado y sentía vergüenza de hablar con un vendedor, así que fui directamente a las bateas. Ahí estaba. Con los días, me sentí afortunado: desde el día de su muerte, y durante por lo menos dos semanas, fue noticia que el disco en formato CD estuvo agotado en Amazon.com y casi imposible de conseguir en Europa y Estados Unidos (un fenómeno bastante extraño para un álbum recién lanzado por Sony Music). Pero para mí, aquella mañana de lunes y tal vez por mi manía retro, acá estaba: el único disco en el que él no aparece en la tapa… fondo blanco y una estrella negra de cinco puntas; abajo, un juego conceptual entre estrellas y las letra de su nombre. Estrellas.

New Killer Star + The Stars (Are Out Tonight) + Blackstar

No creo que sea casual que un concepto fetiche, en el sentido jacobyano del término, cruce sus tres últimos discos con tanta fuerza, como redondeando veinticinco álbumes y casi cincuenta años de carrera artística. Sin embargo esta estrella es importante, porque creo que encierra un último mensaje-metamensaje, que habrá que ir decantando a discreción. Ya sabemos lo inútil de intentar apurar a una metáfora. Es que, mientras que todos leíamos la noticia de su muerte, la cobertura de los medios, los tributos, etc… Buenos Aires estaba empapelada con el poster de una estrella negra. ¿Se trataba, acaso, de alguna indicación protocolar acerca de cómo llevar este luto…? ¿… de algún proyecto site-specific póstumo?

“Sólo está la obra”.

David Bowie era un actor. Y creo que en el fondo ésa fue mi motivación para escribir estas líneas a un mes de su desaparición física. ¿“Cuando se muere un actor se enciende una estrella”… es una frase popular o la estoy inventando? Como sea, en este caso… es difícil, porque se trata de una estrella negra.

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