Un vaso de whisky

Un bar muy diminuto por Av. Córdoba. Cerca de las siete de la tarde.
Seis vasos de soda sobre una mesa de cuatro. Un vaso de whisky: tiene un tic gracioso, mueve la cabeza como afirmando, pero a la vez, la gira en torno al cuello tocando eventualmente los hombros, se pone el dedo en la boca y… asiente, todo el tiempo. Pero no bebe. La que toma es ella, que está en frente y en diagonal. Se le ve una herida o venda para várices o esos tratamientos. Bebe y vuelve a dejar el vaso con él.
El otro, sólo café y fuma. La otra, a la par del whisky, no toma nada. Deja sellados unos Le Mans Suaves con lápiz labial… ¿morado?
Hay una típica bandeja chiquita, tríptica, de acero inoxidable: llena de papas fritas y maníes pero ya casi nada de palitos fritos, que los come sólo el del whisky, que no toma whisky.
Ella toma el vaso de su posición con muchísima confianza, mientras ataca unos Jockey Suaves, el del tic, mira. Mira y hace el tic.
Silencio, miradas y súbitas risas. Nada más.

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Acerca de Carlos Sims
Un actor que escribe.

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