El Trabajo del Actor

Las imágenes muestran el sentido.
Las palabras muestran la imagen.
Para sacar a la luz del día un sentido, no hay mejor que las palabras.
Las palabras deben concentrarse en las imágenes,
Entonces se descubren las palabras justas
Para la consideración del sentido.
El sentido es esclarecido por las imágenes,
Esclarecidas por las palabras.
El que habla, entonces para aclarar las imágenes,
Alcanza las imágenes y olvida, por consecuencia, las palabras.
Igualmente quien crea imágenes ricas de sentido,
Alcanza el sentido y olvida las imágenes.
Es como un hombre que sigue la huella de la liebre.
Cuando atrapa la liebre, se olvida de la huella.
O como el hombre que pesca con red.
Cuando atrapa el pez, se olvida de la red.
Así, las palabras son la huella sonora de las imágenes
Y las imágenes son las redes visibles de las significaciones.
Las imágenes surgen de la significación,
Pero cuando un hombre se deja atrapar por las imágenes,
Entonces, no son las imágenes justas.
Las palabras nacen de las imágenes.
Pero cuando un hombre se deja atrapar por las palabras, entonces,
No son.

Escuela de Formación Actoral de Agustín Alezzo y Lizardo Laphitz

Escuela de Formación Actoral de Agustín Alezzo y Lizardo Laphitz
Escenario

Escenario a oscuras en una clase.

La planta alta de una de las esquinas de Av. Córdoba y Jean Jaures es, desde hace muchos años, un centro de formación de actores. Dirigido por Don Agustín Alezzo, el curso consta básicamente de 4 años de instrucción.
En los dos primeros años, a puño y letra de Lizardo Laphitz (discípulo de Alezzo y su colega/socio desde hace muchos años), se encara el trabajo del cuerpo, la relajación, y fundamentalmente se comienza a explorar y desarrollar la imaginación; todas nuevas herramientas de trabajo. Se experimenta con ellas en improvisaciones, en las que se sortea diversos conflictos a transitar.
El segundo año tiene como eje los textos dados. Apoyándose en piezas sólidas y didácticas -argentinas principalmente-, los alumnos van adaptándose a realidades propuestas por los autores con la sensibilidad, manejo del cuerpo y recursos que se irán desarrollando a lo largo de todo el curso. Entre ellos, quizá el más importante sea la memoria emotiva, que consiste en utilizar sentimientos propios para vivenciar o atravesar una determinada situación planteada. Laphitz se encarga de exteriorizar las sensibilidades y enseña cómo seguir trabajándolas y enriqueciéndolas a lo largo de toda la profesión.
Alezzo toma la tiza en los dos últimos años del curso, le concierne la delicada y minuciosa tarea de mostrar los detalles. Él intenta lograr que el actor desarrolle olfato para las interpretaciones y sentido de ubicación en los distintos contextos socioculturales. Una vez en claro eso, lo deja librado al juego interminable entre él, su cuerpo, su corazón, su espíritu y la obra. Desde la oscuridad de las gradas, el Maestro se compenetra con los ejercicios; como un láser imaginario señala los puntos críticos y los detalles, enfrenta a los actores con sus dificultades y a su vez muestra los colores y matices del ser humano, que nunca deben estar ausentes en el papel interpretado. Para ello, se trabaja escenas ricas y complejas de genios universales como Shakespeare y Molière. El dominio del profesor de estos clásicos (impecable, puro y sin caprichos) sirve al actor de guía para sumergirse en la profundidad de los personajes y las situaciones de estos mundos.
El proceso se complementa trayendo al alumno a estos días a través de puentes como los de Williams o Pinter. Nuevamente, la vasta experiencia del profesor con estos dramaturgos, no tan sólo acerca el drama y la comedia a la visión de nuestra época, sino que también contagia a la clase un entusiasmo indispensable para recorrer el camino de futuros textos o guiones, quizás algunos aún no escritos.
Ambos profesores sostienen la misma teoría: “…nosotros no enseñamos nada…”. Esto es, a pesar de que son ellos quienes dirigen y orientan el proceso de exploración y aprendizaje, son los propios actores los que una vez que dominan los sentidos y las emociones, van acercándose más a la expresión pura del sentimiento.
Bastaría decir que esta escuela es una de las “embajadas” más importantes del Sistema Stanislavski en Argentina, al que, no tan sólo han hecho propio, sino también enriquecido, profundizado y adaptado a nuestras raíces latinas.

Contacto: Av. Córdoba 2797. Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

C.S. noviembre/2004.